23 noviembre 2009

La próxima, que me avisen

Lo que pasó el otro día en nuestro Centro de Salud, desde mi punto de vista, no tiene nombre.

Solemos tener sesiones clínicas o formativas todos los martes y jueves, aunque este mes andaba la cosa un pelín "parada" con todos los líos organizativos por la gripe. A esto que llegué al centro un jueves y me encontré con que habían añadido "súbitamente" una sesión formativa al calendario, que yo no había visto anunciada antes. "Eyaculación precoz", dada por el jefe del servicio de urología.

Caramba. Me sorprendió mucho. Es verdad que últimamente los clínicos más generalistas del segundo nivel están colaborando mucho con la primaria, y organizan buenas sesiones conjuntas, que además suelen ir acreditadas. Pero no sabía que los urólogos también estuvieran en esa dinámica. Por si las moscas, preferí no perderme la sesión. Mi primer paciente estaba citado a las 14.30, así que decidí ir al menos a la primera parte.

Imaginad el panorama.

Entro a la sala de usos múltiples y veo al fondo, en la mesa del ponente, al jefe de servicio de urología (joven, guapo, bien vestido con un traje de chaqueta y corbata... no lo conocía aún) con un portátil Mac enchufado a nuestro cañón (no le debió servir nuestro PC habitual). Entre la puerta de entrada y el ponente, dos filas de sillas perfectamente preparadas, con un "pack" de bienvenida sobre cada una de ellas (pasquín publicitario gigante de Priligy, bolígrafo, recetario de Priligy preimpreso, y un reloj de aceite). En el lateral derecho de la sala, una fila de sillas pegada a la pared, en la que descansaban mirándolo todo alegremente dos o tres personajes que en principio no identifiqué, vestidos también de traje. En la zona posterior de la sala, sobre otras cuantas sillas, un montón de bandejitas envueltas en el conocido papel rojo de la pastelería-delicatessen "Mallorca".

Aunque aquello me mosqueaba bastante, me senté, acompañando a mi tutora y mi tutor postizo (con quien he estado en los días de vacaciones de mi tutora). En unos minutos empezó la sesión.

Comenzó bien. El jefe de servicio nos comentó que en el hospital estaban organizando una consulta monográfica de andrología, y que, por tratarse de una agenda autogestionada, si queríamos derivar algún paciente para estudio por problemas de la función sexual, deberíamos llamarles a ellos directamente. Añadió que al final de la charla nos daría el número de teléfono pertinente, dado que, por lo que veía, todavía no nos lo habían facilitado desde las altas esferas (a quienes, aparentemente, se lo habían comunicado para que a su vez se lo pasasen a los coordinadores de cada centro).

Tras este ofrecimiento de colaboración que parecía ser útil, abrió la presentación de diapositivas. Tal y como esperaba: la sesión no era sobre "eyaculación precoz", sino sobre un fármaco que recientemente ha salido al mercado con la indicación de tratamiento de dicha patología. Su argumentario era bastante penoso. Para cualquier persona que haya aprendido un mínimo de farmacología clínica, el concepto que nos estaba presentando era claro, dejadme resumirlo un poco a mi modo: existe un ISRS a cuyos inventores les salió rana, por tener una vida media ridícula que lo hacía inaplicable en tratamientos para la depresión, y por tener una nula eficacia en trastornos depresivos. De modo que debieron darle vueltas a la cabeza hasta encontrarle un uso alternativo, y les salió la eyaculación precoz. Así debió nacer Priligy.

Para colmo de males, él solito se estaba pillando los dedos con aquellas diapositivas (que obviamente no había elaborado él). Tranquilamente nos mostró un gráfico en el que demostraba la "efectividad" del fármaco; en abscisas, grupos de pacientes por edades; en ordenadas, porcentaje de pacientes que decían haber notado alguna mejoría en el desarrollo de la función sexual. Había unas diferencias medias (a ojímetro, y sin medidas de dispersión disponibles) de un 13-14% entre las columnas del "antes" y del "después" (o el placebo y el fármaco, no sé) para cada edad. En la siguiente diapositiva, alegremente declaraban los efectos secundarios habituales: náuseas o vómitos en un 15% de los pacientes, hipotensión ortostática que aconsejaban combatir "tomando el fármaco con un graaaan vaso de agua"... entre otras lindezas.

A mal centro habían llegado.

Debe ser el nuestro el único centro de salud de estas zonas en el que se localizan dos o tres profesionales con másteres de formación en trastornos de la función sexual, y en el que ejerce como médico de cabecera un urólogo.

La reacción fue inmediata.

Vamos, que no nos lo comimos por los pies porque somos gente educada.

Lo más suave que se le dijo fue que a ese fármaco se le auguraba un futuro bastante poco prometedor, con la consiguiente reacción de los personajes sentados en el lateral de la sala, que resultaron ser representantes de la industria farmacéutica.

Huelga decir que salí de la charla a las 14.30 para no faltar a la cita con mi primer paciente, que no ví cómo acabó el percal, que no probé los delicatessen de Mallorca (ni siquiera llegué a saber si eran dulces o salados) y que no sé quién se acabaría quedando con "mi" reloj de aceite y "mi" recetario.

Pero sin duda lo más gracioso del tema fue que al acabar con mi primer paciente programado, me asomé a la sala de usos múltiples una vez más. Al ver aparecer mi cabeza por entre las puertas correderas, una de las chicas alegres de la industria me preguntó, gorjeando: "¡Hola! ¿Quieres muestras?". A lo que contesté, igual de alegremente: "Noooo, no, sólo quería el número de teléfono para las citas concertadas de la consulta de andrología". Todos los trajeados me miraron con cara de pocos amigos. El jefe de servicio me contestó: "Ya se lo he dado a vuestro coordinador". Y me despidió con una fría sonrisa.

Un ratito más tarde le pedí al coordinador del centro que la próxima vez que tuviéramos "sesión patrocinada" me lo avisasen, para no ir. A lo que contestó, con mucho acierto: "¿Patrocinada? ¡Vendida, dirás!". Esa misma tarde colgó el número de teléfono en la agenda común de OMI-AP. Aunque ahora que lo pienso, quizá no sea la mejor de las ideas derivar demasiados pacientes allí...