05 septiembre 2009

Reentrée

Septiembre.

Mes tradicionalmente temible para unos, y reconfortante para otros.

Solía ser un mes muy querido para mí. En aquellos tiempos en que era la empollona de la clase y celebraba el momento de comprar los libros nuevos (ah! ese olor a papel y cola al hojearlos por primera vez!), los materiales del cole (siempre había alguna caja de rotuladores que quería estrenar antes de tiempo) y las zapatillas de deporte (eterno problema, el encontrarlas de mi número). A mí las vacaciones de verano, para qué mentir, me aburrían bastante; y sin embargo volver a las aulas y a la rutina normal me gustaba. Me gustaba el cambio de temperatura, el cambio de colorido de las calles, el crujido de las hojas secas de los castaños al pisotearlas contra la acera. Septiembre, en fin, olía a vuelta al cole, y brillaba por sí mismo envuelto en aquellas pequeñas ilusiones.


Sin embargo, hacía ya algunos años que septiembre se había convertido en algo entre aburrido y temido. Principalmente porque cuando una entra en la facultad, se encuentra con el panorama de tener que presentarse a exámenes en septiembre (circunstancia impensable antaño), y con perspectivas poco halagüeñas en caso de suspender de nuevo. Pasado el examen MIR esta tortura terminó, y este año por primera vez vuelvo a ver septiembre con el color que tenía antes.

Porque al fin estoy en mi centro de salud.


Desde el mes de junio estoy, por fin, a salvo de la peregrinación y la rotación eterna a la que se nos somete a los residentes de Familia (que parecemos no tener derecho a dejar de sentirnos estudiantes). Al fin un año entero en "mi servicio". Y al fin vuelvo de vacaciones sabiendo que vuelvo a mi lugar, y no temiéndome encontrar algo peor que lo que dejé a mi marcha.

A partir de mañana, vuelta al cole.

Retomar mi DEA, que está algo más abandonado de lo que debería.
Empezar a darle forma también al trabajo de investigación de fin de residencia.
Retomar la consulta, con los pacientes, que ya empiezan a conocerme y a saber por qué estoy ahí.
Retomar las sesiones, las revisiones, las preguntas clínicas.
Negociar ese horario deslizante que se supone que me van a hacer.
Y a partir del 14, vuelta a la escuela de música.


Vuelta a la rutina, a esa rutina reconfortante que siempre me gustó encontrar por estas fechas. Para no ser infiel a la tradición, me he comprado un boli nuevo. Y me hago propósito de retomar el blog, leñe. Que no se merece terminarse aún. Queda el último curso por delante...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo he crecido en esto con tu blog, tus vivencias y tus consejos. Alimentaste mi ilusión por ser médico en un final de carrera que no fue fácil para mi. Hoy, soy R3 de familia en un hospital sevillano y disfruto mucho con lo que hago, a pesar de todo lo que no nos gusta y que tu ya conoces.

Lo bueno de internet es eso. Que alguien que está a cientos de Km de ti, te conoce en cierto modo tras meses de leer tus reflexiones.

Aprendí gracias a ti que ser medico de familia era una opción mejor que especialista de elite.

Gracias por volver.
Luis.

Myriam dijo...

Sigue escribiendo Isabel, que has sido una guia para muchas q venimos detras!!! Besos