31 octubre 2008

No todo es medicina



La residencia es un periodo de nuestras vidas en el que todo parece girar en torno al mismo punto: la medicina. Y más en concreto, la vida en el hospital (...cuando llegue a R4 os diré si la cosa cambia). Uno se despierta a las 6 de la mañana pensando si ese día le toca pasar consulta solo o acompañado, si tiene o no tiene guardia, y si tiene que llevarse el uniforme limpio en la mochila o si, por el contrario, encontrará pijamas limpios en el vestuario. Desayuna dándose prisa para no llegar tarde al pase de pacientes, se olvida de firmar la guardia al entrar en el hospital por el mismo motivo, se preocupa por todos los detalles excepto por si ha bebido agua en las últimas horas de trabajo...

No es infrecuente observar cómo compañeros caen enfermos y siguen trabajando. Con fiebre, con tos incoercible, con la afonía de la laringotraqueítis. O con edemas hasta raíz de miembros porque el embarazo está ya avanzado y no se puede dejar tirados a los co-Rs. Somos el típico colectivo que se siente responsable por abandonar sus tareas si les llaman en medio de una guardia porque ha fallecido un ser querido. O por tener que cogernos el resto de nuestras vacaciones, cuando hemos estado postergándolo mes tras mes para no dificultar el sacar adelante el trabajo en equipo.

Y no, mis niños, no todo es medicina.

La vida sigue ahí fuera.

Las personas siguen (seguimos) siendo personas.

¿Qué clase de deformación personal (no sólo ya profesional) sufren los residentes para llegar a R2 contestando al R mayor que "no es cruel" dar una malísima noticia en una sala de espera? ¿Cómo podemos habernos construido un muro de frialdad tan grueso alrededor? ¿Acaso, como nosotros sufrimos en silencio nuestras condiciones de trabajo, olvidamos lo difícil que puede llegar a ser estar enfermo? Qué pocas veces nos hemos debido encontrar al otro lado de la mesa...

Nos deshumanizan. Nos obligan a deshumanizarnos. Se nos hace ver que si sufrimos somos débiles e irresponsables, y corremos el riesgo de acabar proyectando esta creencia a los propios pacientes. O a nuestros conocidos.

Pero ni siquiera hace falta irse tan lejos. Nuestra humanidad no sólo radica en nuestra propia vulnerabilidad física ante las noxas. Somos muchos los que nos vamos dando cuenta, a medida que avanzamos en la residencia, de que hemos descuidado otros aspectos de nuestras vidas.

A principios de curso rompí con el miedo a la "exclusividad formativa" e hice dos intentos de inscripción en dos escuelas que había abandonado hace tiempo (y de lo que llevaba arrepintiéndome años): la escuela de música y la de natación.

Y los hice sin esperanza alguna. Porque la escuela de natación en mi ciudad está tan abarrotada que nunca pensé que me tocaría una plaza en el sorteo. Y porque la lista de espera para la escuela de música más cercana es... dejémoslo en "histórica".

Pero así fue. Me tocó una plaza en el sorteo de la escuela de natación. Y la acepté, pidiéndoles por favor (y con cientos de perdones por delante) a mis compañeros que evitasen, en lo posible, ponerme guardias los días de la semana en que tendría las clases a partir de entonces.

Lo que nunca llegué a creer posible fue que a estas alturas, a las puertas de noviembre, sonara mi teléfono para darme la noticia. Me han admitido en la escuela de música. Y es un hecho. He comenzado las clases de nuevo. He vuelto.

No imagináis lo que supone para mí. Ni siquiera yo lo había previsto.

Estoy, simplemente, emocionada. Ayer, volviendo a casa por la calle, bajo la lluvia, después de la clase, comprendí que estaba recuperando un fragmento de mi propia persona que había enterrado hace 10 años, cuando abandoné el Conservatorio Manuel Castillo de Sevilla para centrarme en subir mi media del bachillerato y poder estudiar Medicina. Ahora estoy entendiendo cuánto me dolió sacrificar aquel aspecto de mi personalidad, aquel fragmento de mi vida diaria.

Cuando la música ha formado parte de ti desde los 7 años de edad, recuperarla a los 27 supone un viaje a la infancia y a las intensas emociones que la rodeaban. Ensayar con mi banda una vez por semana, faltando a la mitad de los ensayos por culpa del trabajo, no había sido suficiente para mantener vivo ese mundo, y no me estaba dando cuenta.

Por favor, ¿dónde estabas metida, Isabel?
¿¿Acaso es posible que hayas descubierto a Metallica esta semana?? ¿¿O a Piazzola??
¿Cómo pudiste olvidar lo enriquecedor que es conectar con el ritmo interno de otras personas?
¿¿Cómo pudiste no echar de menos el escalofrío en la espalda cuando los acordes suben y explotan frente a ti?
¿Cómo pudiste sobrevivir sin ese medio de expresión que te ayudaba a sacarlo todo fuera a diario?

He vuelto. Y ahora tengo un profesor maravilloso que va a obviar cursos oficiales, y que me va a enseñar a improvisar, a disfrutar de la música moderna, a sacar lo mejor de mi instrumento para reconciliarme con él y conmigo misma, y para recuperar el tiempo perdido.

Ante mí, un impresionante recorrido curricular para los próximos 8 años de mi vida. Con un único obstáculo: el año de R4. Como recordaréis, trabajo en turno de tarde cuando estoy en mi centro de salud. Y si el año que viene (R4) abandono la escuela de música de nuevo, nada me asegura poder volver a obtener plaza con la misma buena estrella.

No quiero volver a perderlo.

Así que ayer me decidí. Bajo la lluvia desvié mi recorrido y en lugar de ir hacia casa me presenté ante mi coordinador en el centro de salud, a quien saludé con una lacónica frase: "Vengo a pedirte un deseo"...

Le expuse la situación, me sinceré con él, le expliqué lo que estaba significando para mí todo esto. Y en él encontré lo contrario de lo que pensaba. No obtuve un no por respuesta.

"No todo es medicina, Isabel"

Mil gracias, Francho, mil gracias. Un mero cambio en la que será mi futura agenda de R4 el año que viene me asegurará poder seguir adelante. A ti te va a costar un poco (básicamente papeleo), a mi me ha costado quizá menos (tan sólo el esfuerzo de reconocerlo ante ti). Si el encargado de la docencia del centro acepta esa opción, no me veré obligada ni siquiera a cambiar de tutora para poder seguir siendo yo misma. Completa. Como cuando tenía 7 años y aún era una niña humana con toda la ilusión del universo.

24 octubre 2008

Otro que se nos cae


RIMONABANT retirado en la Unión Europea.

Como ya pasó con la insulina inhalada ("voluntariamente prejubilada" por el laboratorio), ha sido retirado un nuevo fármaco "prometedor" del mercado debido a los efectos secundarios graves que estaba provocando.

Está claro, andar trasteando con los receptores cannabinoides pasa factura. Se ha suspendido la comercialización de Rimonabant por la alerta generada por los casos de suicidio e intento de suicidio secundarios, al parecer, a su uso.

Esto deja de nuevo el tratamiento de la obesidad en los clásicos (medidas generales, dieta, ejercicio... y orlistat y sibutramina) y elimina de la escena al fármaco que parecía que podía ser "estrella" por aquello de que también bajaba la tensión, el colesterol, la glucemia, y ayudaba a dejar de fumar.

Qué le vamos a hacer. Ya se sabe que hay que ir contra los efectos secundarios a machete, sobre todo cuando son tan graves como los trastornos psiquiátricos de los que estamos hablando.

Ánimo a quienes tengáis este tratamiento y tengáis que dejarlo.
Atención máxima para quienes lo prescribían, desde hoy día 24 queda prohibido hacerlo.

04 octubre 2008

En época revuelta

Ser residente de familia en esta época revuelta para la sanidad madrileña tiene sus inconvenientes. Porque somos los que más rotamos por sitios más diversos, los que más vueltas damos, los que metemos "la nariz" en más sitios.

No sé si os habéis enterado de que han suspendido cautelarmente la docencia a Santa Cristina, una maternidad madrileña de rancia tradición, recientemente reformada, que comenzó su historia como escuela de formación de matronas en los tiempos de Isabel II. Parece que con la construcción de los nuevos hospitales en la Comunidad de Madrid, gran cantidad de adjuntos cambiaron de lugar de trabajo, trasladándose a dichos nuevos hospitales, y esta "desbandada" dejó sin docentes a Santa Cristina. Los casos que había que tratar pasaron a ser "dominio" de la maternidad de O'Donnell, situada justo en la acera de enfrente, y en este contexto, los residentes de de ginecología se quedaron sin formadores y sin formación. La mayor parte de ellos ha tenido que ser repartida entre otros hospitales para poder completar la residencia. Supongo, aunque no lo he corroborado, que ha debido pasar otro tanto con los EIR de matrona.

Pero ha habido otros "efectos colaterales". Los residentes de familia del área 2 TAMBIÉN nos hemos quedado sin docentes. Los ginecólogos con los que rotábamos en consultas externas también han volado, de modo que sólo nos quedan un par de ellos (cuando en realidad necesitaríamos que hubiera al menos 5).

Imaginad la circunstancia: vuelvo de vacaciones de verano y me encuentro con que no tengo dónde ir a rotar. Comienzo una peregrinación telefónica (tristísima, por otra parte) para intentar que alguien me "acoja" en su consulta. Parecía que iba a poder rotar en el nuevo Hospital del Henares, pero por causas burocráticas (ausencia de un acuerdo de docencia oficial, no existencia aún de una acreditación como centro docente o entidad colaboradora) los gestores tampoco me quisieron dejar empezar allí. Si hay algo que me dé rabia y me haga sentir frustrada es tener que mendigar una rotación, como ocurría a veces cuando era estudiante.

Finalmente el coordinador de docencia me dijo que me presentase en el Hospital directamente, a ver si tenían valor de decirme que no.

Y fue lo que tuve que hacer. Afortunadamente no es lo mismo hablar en persona con el jefe de servicio de ginecología (un hombre con vocación docente y bastante amable) que telefónicamente con el director médico y los gerentes con los que intentábamos contactar previamente. Gracias a ello, he comenzado, con cierto retraso, la rotación en obstetricia y ginecología, y el mismísimo primer día salí de allí sabiendo manejar los aspectos básicos del seguimiento de una embarazada, y casi sabiendo hacer ecografías de 2º trimestre.

Lo malo es que aún no me queda claro si la firma que me echen en el papelito de mi rotación será o no será válida...

Otro tanto nos pasó cuando fuimos al Hospital del Henares, en este caso a las urgencias, a preguntar por nuestros antiguos adjuntos, simplemente para saludarlos (también ha habido traslados varios desde La Princesa). Debieron creer que íbamos por allí para pedir una rotación. Tendríais que haber visto al grupo de adjuntos jóvenes que de pronto nos rodeó, diciendo que teníamos que rotar por allí, que ellos hablarían con el gerente y con quien hiciera falta para conseguirlo. Está claro que tienen mucho trabajo y la presencia de los residentes de familia les sería más que conveniente. Les entiendo. Pero a ver quién convence a los jefes de La Princesa de que nos quiten unas cuantas guardias de allí para hacerlas en el Henares (hospital que, por otra parte, es más adecuado para la rotación de urgencias de un residente de familia que el de la Princesa, por aquello de ser más parecido a un hospital comarcal... el personal de urgencias lo maneja absolutamente todo, no existe la figura del "superespecialista" que baja a solucionar los problemas después de haberlos recibido y estabilizado).

En fin, que estamos en tiempos revueltos, que nos rodean los cambios inesperados, que la escasez de médicos contratados (que no de médicos existentes) está poniendo de los nervios a prácticamente todo el mundo, y que el trabajo empieza a acumularse tanto en algunos centros que los residentes nos convertimos en la ayuda imprescindible que todos quieren tener.

No sé yo cómo acabará todo esto...