17 marzo 2008

Viaje a Ámsterdam

Parece que por fin han salido las listas definitivas de resultados del MIR 2007/2008. Enhorabuena a quienes por fin podéis respirar tranquilos. Me encantaría que me contáseis qué tal os ha ido y si tenéis pensado hacer algo concreto.

Y para no ser mal educada y cumplir con mi palabra, os dejo algunas fotos de mi visita a Amsterdam (y parte del resto de Holanda) la pasada semana.



Algo que me ha dejado sumamente impresionada es el alto sentido cívico que tienen los habitantes. ¿Cómo es posible que, en una ciudad sin diferenciación de aceras más que por el color del suelo, puedan convivir tranquilamente un puñado de coches, un millón de peatones, diríase que cien mil bicicletas y unos mil tranvías, sin colisionar y sin atropellarse? Si en Madrid se intentase organizar un sistema parecido, las discusiones, los cláxones, los atropellos y los atascos serían la norma. ¿Cómo es posible que cualquier persona a quien le preguntes te sepa siempre indicar, o al menos lo intente, en el mejor inglés? ¡Hasta las abuelitas de 90 años hablan inglés a la perfección! Impresiona ver la diferencia de carácter y de educación. Allí, tras los tranvías, las bicicletas tienen preferencia por encima de todo. A continuación van los peatones (jamás vi un coche que no te cediera el paso, cruzases por donde cruzases). Y por último los vehículos de motor. El resultado es una ciudad ordenada, limpia, sin barreras arquitectónicas, silenciosa, amable, sostenible...



Los canales también le dan un aire romántico y como de cuento.


En cuanto al tema que todos recuerdan cuando se menciona Amsterdam. La permisividad con las drogas "blandas". Hay un sistema muy bien montado de locales autorizados para vender marihuana y hachís de producción propia y controlada. Dichos locales son los llamados "coffee shops". Cafeterías tranquilas en las que no se puede consumir ningún tipo de bebida alcohólica, pero que además de tabaco dispensan ambos productos, según quienes los han probado, de una calidad impresionante. El precio ronda los 13 euros el gramo (para la marihuana), y la variedad es tal que hay enormes cartas distribuidas según la intensidad de sabor que se busque y el tipo de efecto que se persiga. Otro tanto ocurre con las setas psicoactivas (enteógenas), siendo la más representativa la Psylocibes, con la diferencia de que se pueden comprar en tiendas de barrio (no necesariamente coffee shops). Una tarrina de setas frescas ronda los 30 euros.

Podría suponerse que en dichos locales habría informadores bien entrenados, pero lo cierto es que sólo un par de cadenas cuentan con "entendidos" en la materia que saben explicar a los compradores de los riesgos del consumo. Las setas van acompañadas de una especie de "prospecto" que recuerda con qué otros productos no combinarlas. Yo personalmente lo ví muy escaso, obviaba información importante acerca de la actividad cardiotónica (o todo lo contrario) de algunas de ellas. Ignoro si el personal de los locales estará entrenado para atender urgencias o al menos dar primeros auxilios en caso de necesidad.
Todo ello contrasta con la facilidad para encontrar equipación de emergencia en cualquier rincón de la ciudad. Aquí, la primera foto que me hice al llegar, junto al primer desfibrilador automático que me encontré. Ni caso al careto, me había levantado a las 4 de la mañana para coger el avión y para colmo estaba de post-saliente de guardia.


Y sobre todo reina en el ambiente el contraste entre la permisividad y el control. Puede que se hayan liberalizado ciertas sustancias, pero debe ser porque aquella sociedad posee un acusadísimo sentido de la responsabilidad. Llama la atención no ver ni un solo papel por las calles. Se ponen multas de 75 euros a quienes dejan caer un solo desperdicio. Está prohibido fumar en cualquier local cerrado que no sea un bar autorizado, y si se fuma marihuana en la calle... se le cae a uno el pelo. Lo mejor del tema es que no encuentras a nadie intentándolo (al contrario de lo que ocurre en España con el consumo callejero de alcohol). Y por supuesto, la cerveza, en las cervecerías...


En fin, suerte a todos...!

2 comentarios:

Dr. Bonis dijo...

--- En cuanto al tema que todos recuerdan cuando se menciona Amsterdam. La permisividad con las drogas "blandas".

¡Y yo que pensaba que ibas a hablar del barrio rojo y el mercado de la carne!

A mí lo de los porros no me impresionó demasiado. Me chocó más lo de las prostis en escaparates. Claro que a esas no les puedes sacar fotos (si quieres mantener las piernas intactas). :-)

Isabel dijo...

No, si impresionarme no es que me impresionase. Lo impresionante fue el choque de culturas (cívicos vs no cívicos, jejeje).

Lo de las prostitutas lo recuerdo como algo sorprendente, no tanto por la idea, que incluso me parece que tiene sus puntos positivos (siempre que uno pueda realmente querer dedicarse profesionalmente a ello, sin que haya mafias de por medio), sino más bien por la "puesta en escena". Escaparates que muestran mujeres en ropa interior dispuestas sobre camas listas para "yacer", muchas de ellas en poses propias de modelos de ropa interior, pero con rostros de anuncio de Jean Paul Gaultier. Una de ellas me enseñó los dientes en una mueca como de bufido de pantera, supongo que para provocarme. Mientras, otras veían la tele tranquilamente desde la cama, esperando al siguiente cliente. Lo chocante era la tranquilidad con la que la gente pasaba por delante de ellas. Debe ser porque están acostumbrados a ver a todo el mundo por la ventana, dado que en esa ciudad parecen no existir ni las persianas ni las cortinas y todos muestran impúdicamente sus colecciones de muebles de Ikea a quien quiere pasar por delante...