26 junio 2006

El sábado de los pijamas verdes

Llega un momento en la vida de toda R1 en que tiene que pasar por su primera guardia de cirugía. A muchos les resulta entretenido, pero, como sabéis quienes me conocéis por leer mi blog de cuando en cuando, a mí la cirugía nunca me ha atraído lo más mínimo (sin tampoco producirme náuseas o mareos la idea de la sangre).

Los médicos de familia debemos, sin embargo, poseer ciertas "habilidades manuales" que nos permitan hacer curas, suturas y yesos en momentos de necesidad. Por eso pasamos 1 vez al mes por urgencias de cirugía.

Mi último sábado fue, pues, un sábado de pijama verde. Mi "R mayor" acompañante tenía además la pesada misión de hacer de R de cirugía y de maxilofacial al mismo tiempo ese día, por no sé qué chanchullos que se habían montado ella y otro de su servicio. Eso implicaba que a nuestro quirofanillo llegaban todas las lesiones craneofaciales, aparte de las típicas tripas quirúrgicas y demás.

Primero tuvieron a bien dejarme mirar mientras cosían uno o dos casos iniciales. Pero al tercero me dijeron que lo cosiera yo. Y era una herida en la cara, por lo que a mí me dió el pánico pensando en la horrible cicatriz que podría dejarle al chico si no lo hacía bien. Afortunadamente, el único error que cometí fue ponerme mal los guantes estériles y tener que repetirlo para que no se contaminasen. Por lo demás lo dejé bien cosidito con 4 puntitos de sutura, y desde entonces todo fue sobre ruedas.

Me inflé a coser pies, manos, caras, cejas... y lo más escandaloso, las brechas en la cabeza. ¿Alguien puede explicarme por qué los sábados a la gente le da por pegarse con bates de baseball, secuestrar a sus vecinos o emborracharse hasta tener el valor suficiente para pegar a su propio hermano? Yo, como persona pacífica y tranquila, no consigo entenderlo. Lo único que sé hacer es grapar las brechas al personal y ponerles antibiótico para que no se les infecten días después.

Mi pobre compañero Santiago no tuvo la suerte que yo. Por la noche pude dormir con una sola interrupción, sin embargo él estaba de guardia en traumatología y acabó en quirófano, operando un dedo accidentado hasta las 6.30 de la mañana. Y esa guardia, la de traumatología, sí que me da miedo. Porque no es lo mismo tener que coser una herida que tener que reconstruir un dedo en quirófano. Espero que mi próxima guardia de pijama verde, el próximo viernes, sea más tranquila que la que Santi tuvo... porque si no, ya me puedo ir preparando!

22 junio 2006

OMI-AP

Una de las ventajas de AP es que se trata de un trabajo casi completamente informatizado. Las historias clínicas ya no se mueven de un sitio para otro en pesados fardos de papeles que amenazan con deslizarse traidoramente hacia el suelo, ni existen en ellas problemas de entendimiento de anotaciones por culpa de la caligrafía. El programa que facilita la realización de todas las operaciones necesarias en la consulta se llama OMI-AP, y el suyo es uno de los primeros cursillos que se han precipitado a darnos a los R1 en cuanto los gerentes han visto un hueco.

OMI es el típico programa con exceso de funciones, de las que luego no se usan más que 4 o 5 por falta de tiempo. Pocos serán quienes lleguen a usar su potencia para la explotación de información, quizá quienes estén interesados en hacer la tesis doctoral en temas relacionados con la Salud Pública o la Prevención.

En resumidas cuentas, un 90% del tiempo el programa se ve así:

Desde una pantallita centralizada podemos controlar de un vistazo toda la información sobre un paciente: sus antecedentes, alergias, episodios cerrados, episodios activos, tratamientos, problemas sociales, planes personales para el seguimiento de determinados protocolos y actividades preventivas...

Muy lioso desde mi punto de vista, pues los botones no han sido distribuidos de la forma más intuitiva posible, pero definitivamente muy útil. Cada vez que pienso en las montañas de recetas de crónicos que son distribuidas a diario en los centros de salud se me ponen los pelos de punta. Al menos, gracias al OMI, ya no hay que redactarlas: solo las firmamos y sellamos. Si todo sigue por los derroteros actuales, tarde o temprano ni siquiera tendremos que imprimirlas nosotros, sino que será un trabajo de la administración de cada centro... o incluso no hará falta imprimirlas, yendo las prescripciones directas a las bases de datos de los farmacéuticos para la dispensación del fármaco al paciente sin pasar por el centro.

Supongo que de aquí a unos meses tendré algo más de contacto con el programa y os podré hacer una crítica fundada :)

09 junio 2006

Urgencias cuasi fisiológicas

Aún me estoy preguntando por qué no existe una asignatura de educación para la salud, o al menos un tema transversal en la educación básica sobre la correcta utilización de los sistemas de salud.

Resulta que en esta semana de trabajo me he encontrado con gente que considera "urgencias" las siguientes "patologías":

- Salir a pasear al sol de las 14:00 h y volver a casa con coloretes (motivo de consulta: sospecha de lupus).
- Ir caminando por la calle y de pronto no "poder" continuar si alguien no te da la mano (diagnóstico: ansiedad y soledad)
- Notar taponamiento en un oído, en el contexto de una rinoconjuntivitis alérgica (y exigir con malos modos que el otorrino de guardia venga a verte)
- Un catarro común (... de una señora a la que no le gusta la suplente que le han puesto para su médico de familia)
- Taquicardias paroxísticas (... por consumo recreativo habitual de cocaína)

Y así cientos de ejemplos.

Ya me gustaría a mí que las personas que vienen con esas excusas necesitaran tiempo extra para atender en su trabajo posibles ACVs, posibles IAMs, reacciones anafilácticas, hemorragias digestivas bajas masivas, y cosas realmente urgentes. Así se darían cuenta de que su única patología preocupante (que no urgente) es la ociosidad.

04 junio 2006

Guardias y churros

Para mi primera guardia de 17 horas, que en la práctica se convirtió en una de 24 porque las mañanas también las paso en urgencias, fui mejor preparada que para la de "mochila". Esta vez sí recordé llevarme la linterna, el bolígrafo y el fonendoscopio. Y, estratégicamente, me di una vuelta por lencería a la hora de comer, y conseguí que me dieran 2 uniformes nuevos por todo el morro. Digo por todo el morro, porque a los de Familia no nos dan uniforme en el hospital, sino que tenemos que esperar a que nos lo entreguen en la Gerencia de Atención Primaria.

La ventaja de ser la que está de guardia ese día es que te dejan elegir todo, incluyendo dónde quieres estar. Las urgencias del hospital de la Princesa se dividen en: urgencias médicas, urgencias de cirugía, urgencias de traumatología, emergencias, y consultas concretas de ORL, oftalmología... Por ahora roto en urgencias médicas, y la guardia del día 2 fue allí también. Los R1 podemos elegir entre estar en "rápidos" (consultas para atención a personas que vienen de urgencias pero no están graves) o en "clasificación", mientras que los mayores también pueden estar en "camas" o en "observación". Yo decidí permanecer por la mañana en clasificación y dejar la marcha para más tarde.

Clasificación puede ser caótica o aburrida, según la hora del día. El aburrimiento mayor suele coincidir con las horas de partido de fútbol en la tele. El caos mayor suele coincidir con las horas de aburrimiento de las personas mayores en sus casas. Se forman largas colas de jubilados que tienes que intentar despachar lo antes posible, despejando balones hacia uno u otro lado de la portería: tú a trauma, tú a ojos, tú a cirugía, tú a medicina. Como curiosidad apuntaré que la mayor parte de las veces puedes predecir lo que le pasa a la persona antes de que abra la boca: si entra a verte con gafas de sol, suele ser una persona operada de cataratas con una infección secundaria. Si entra cojeando, rara vez se salva de ser una artrosis reagudizada. Si lleva un mono azul o blanco, generalmente tienes ante tí un accidente de trabajo. Y el que llega en camilla de ambulancia suele ser, grosso modo, o una insuficiencia respiratoria para camas de medicina, o una fractura de cadera para camas de traumatología. Pero otras veces el asunto no está tan claro, y necesitas acudir a tus mayores para que te aclaren si una luxación de la ATM va a traumatología o a cirugía, o si un ataque de ciática por compresión por hernia discal tienes que derivarla a traumatología o pasarla a rápidos de medicina. Todo es cuestión de ir quedándose en la memoria con ciertas normas semi-arbitrarias.

Tras la comida pasé a rápidos. Tuve curiosidades como una pericarditis lúpica, una artritis reumatoide tratada con acupuntura, una mononucleosis infecciosa, o una señora con obstrucción intestinal que resultó ser la madre de un amigo mío. Además pasó por allí un caballero de triste figura quejándose de lumbociatalgia, que huyó corriendo de urgencias en cuanto le propuse ponerle diclofenaco intramuscular. Lo cierto es que, si no hubiera sido por el sueño que empezaba a acumular, habría disfrutado bastante del día. Nos sentíamos muy arropados por los R mayores y por las magníficas adjuntas de Urgencias, que permanecían al pie del cañón para sacarnos de dudas y apuros, sin suplantar nuestras funciones.

La Princesa tiene un aspecto muy bien cuidado, que son las comidas. Los R de guardia tienen derecho a pensión completa, con acceso a comida, cena y desayuno en la cafetería de personal. Me reí muy a gusto cuando pasé por caja sin pagar, llevando la bandeja llena de platos ricos, mientras me acordaba de las peleas que teníamos con los camareros cuando éramos estudiantes, puesto que nunca querían cobrarnos el precio oficial de la cafetería de personal, y trataban de subirnos un euro o dos por cabeza. Cabracho a la plancha, patatas guisadas, natillas... repones fuerzas y vuelta a la carga.

El turno nocturno es bastante tranquilo, de modo que nos podemos permitir el lujo de "partir" para dormir. La mitad de los Rs duermen media noche mientras los otros atienden a quienes llegan, y la otra mitad duermen durante la otra media noche. Hay un cuartito para los Rs pequeños al que se llega atravesando el pasillo de observación, y los Rs mayores suben a dormir a la planta 11, donde el gerente ha montado unos dormitorios estrechos que se abren y cierran con la tarjeta identificativa del hospital. Hay quienes prefieren dormir en el primer turno y quienes prefieren el segundo, pero algo en lo que todos parecen estar de acuerdo es en que los cuartitos de la planta 11 son peores que las camas de la observación. Por ahora no puedo opinar, el año que viene os contaré.

Y cuando por fin acaba la noche y le pasas los pacientes a los que entran al nuevo turno, puedes con toda la alegría del mundo irte a la cafetería y comerte un plato de churros calentitos. Son las mejores horas, las que te permiten charlar con tus compañeros y reírte de las aventuras y desventuras de la urgencia. Las guardias no serían lo mismo sin ellos (sin los compañeros, ¡no sin los churros!)