07 diciembre 2006

Ser o estar

Una de las peculiaridades de ciertas profesiones, entre ellas la médica, es que cuando una empieza a ejercer se da cuenta de que ya no hay vuelta atrás. Una "ES" médica, no "ESTÁ" médica. Ser médica no es algo de quita y pon; no es un estado, sino una característica permanente que queda por siempre grabada en la persona. Te podrán tocar casos vayas donde vayas.

Y esto se hace aún más evidente cuando "los casos" somos nosotros mismos, o quienes nos rodean.

Hoy era fiesta y pretendía pasar la tarde en casa de una de mis mejores amigas viendo películas. Ciertas cosas no estaban ocurriendo como suelen ocurrir. Me dio por repostar más cantidad de gasolina de la habitual, en un arranque de gasto irracional. No comenzamos a ver las películas que teníamos planeadas inmediatamente tras mi llegada, sino que por raras situaciones pasamos cerca de dos horas sin hacer nada productivo. Mi amiga, que suele tener el móvil en la otra punta de la casa, por una vez lo tenía junto a ella.

Y sucedió. Sonó el teléfono, escuchó a su interlocutor con voz de preocupación, y a continuación me dijo, mientras tapaba el auricular: "es mi padre, le duele el pecho". Le contesté: "diles que le den una aspirina, que vamos para allá".

Lo más rápidamente posible nos dirigimos a la vivienda de sus padres. Yo me maldecía por lo bajo por mi descuido - ¡no llevaba mi maletín conmigo! aunque sí el fonendoscopio - mientras pensaba las posibles escenas que me podía encontrar al llegar a la casa. Incluso iba rumiando los protocolos de RCP en algún rincón de la cabeza.

Cuando llegamos nos encontramos con la típica escena de pánico contenido. Nadie había dado una aspirina al enfermo porque no las habían encontrado, pero por suerte nosotras nos habíamos llevado una caja en el bolsillo. El padre de mi amiga estaba sentado en un rincón del salón, en su sillón de orejas favorito, hecho casi un ovillo, sudoroso, nauseoso, pálido, con los ojos fuertemente cerrados por el dolor, y con la clásica mano sobre el pecho. Le dolía tanto que apenas acertaba a responder a mis preguntas sobre las características del dolor. Respiraba agitadamente. Inmediatamente le administramos la aspirina, mientras el hermano de mi amiga llamaba al 112. La madre me alargaba, con cara de preocupación, uno de los últimos informes médicos de su marido: "varón de 60 años... estenosis valvular aórtica, con dilatación límite de raíz aórtica; hipertrofia de ventrículo izquierdo; hipertensión arterial mal controlada; hipercolesterolemia"... mi miedo crecía por segundos.

Me pasaron al médico del 112. Le comenté el cuadro de dolor con cortejo vegetativo y los antecedentes del hombre. Cuando colgamos me sentí parcialmente aliviada porque pensé que en seguida enviarían una UVI móvil.

Desde ese momento mi cabeza empezó a funcionar con mayor claridad. Ya se había tomado su antihipertensivo, así que lo siguiente era intentar aliviarle el dolor. En toda la casa no tenían, como es de esperar, ni un rastro de mórficos, así que tiramos de metamizol como último recurso. Por suerte, aparte del ostensible cuadro clínico, no había signos evidentes de fracaso cardiaco (y la auscultación era bastante correcta, ni siquiera llegué a detectar el soplo de la estenosis aórtica), aunque la hipoperfusión periférica iba in crescendo. Le abrigamos con lo primero que encontramos mientras mi amiga y yo nos preguntábamos por qué no habrían llamado antes a la ambulancia. El caballero llevaba 30 minutos con el dolor.

De pronto el hermano de mi amiga, un jovenzuelo vivo y rápido, se ofreció para bajar corriendo a la farmacia si era necesario... le hice una receta de Trinispray, y, antes de que llegase la ambulancia, el padre de mi amiga ya había sido "nitroglicerinizado" a pesar de la ausencia de mi socorrido maletín.

Y menos mal. Porque los días de fiesta en Madrid son terribles, y todas las UVIs debían estar en accidentes de tráfico. Apareció por allí una triste ambulancia de soporte vital básico, muy útil para coger al paciente y salir corriendo, pero muy inútil si ocurre algo grave. Los técnicos subieron al piso sin camilla ni silla, e hicieron bajar al enfermo andando, a pesar de que veían que el dolor se acrecentaba con el esfuerzo de bajar las escaleras.

A continuación mi amiga y yo cogimos el coche y salimos corriendo hacia el hospital.

Siempre he oído decir a mis mayores en las urgencias que "el que llega al hospital es un superviviente". Y así ha sido. A su llegada al hospital el dolor ya había ido cediendo. En el ECG no había cambios evidentes, y la troponina era de 0,00. Todo ha quedado en una angina que los médicos no han podido presenciar, y que, por tanto, no se creen. No obstante, desde mañana el padre de mi amiga llevará siempre la cafinitrina en el bolsillo.

Y yo seguiré "siendo" médica. Sólo que, a partir de ahora, prometo no olvidarme el maletín. No abandonará el maletero de mi coche mientras no sea estrictamente necesario. Que bastante susto hemos pasado ya hoy.

8 comentarios:

Ana dijo...

Vaya odisea .
Pero como dice el refran ..no hay mal que por bien no venga. El maletín seguro que ya no lo olvidas nunca jamas. Mew alegro que el padre de u amiga se recupere

Ana dijo...

ya veo en la movida que te has visto envuelta y me imagino que la preocupación máxima por ser el padre de tu amiga .

Ya sabes....no olvides nunca el maletí´.
Un beso

Ana dijo...

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Inma dijo...

¡qué fuerte! Pedazo de Historia, pero sí que es verdad que cuando eliges ser médico lo eres 24 horas. Lo dificil es tener la tranquilidad suficiente para poder reaccionar correctamente.

Sofi dijo...

Hola Isabel!!! Bueno, menos mal que todo quedó en un susto... yo lo pasé tan mal con la angina de mi padre, que hasta que no le vi enchufado a una bomba de nitro no me tranquilicé. Así que me hago la idea de cómo estábais tu amiga y tú.

El título del post me ha recordado mucho a un profesor mío de Médica. La diferencia es que él hace tres distinciones: ESTAR de médico, SER médico y SENTIRSE médico. Quien "está de médico" lo hace sólo durante su horario de trabajo, de 8-15h. Quien "es médico" o "se siente médico" lo es a tiempo más completo, el primero porque en su día se sacó la carrera y tiene asumido que es médico las 24h del día (le guste o no), y el segundo porque siente su profesión las 24h y cuando pasa algo, o le llaman por algo, siente la necesidad de echar una mano.

Más o menos creo que es eso lo que nos quiere meter en el coco cuando nos habla de ese tema. A tí se te ve del tercer grupo, intenta seguir así.

Bueno, que me he explayado un montón, besitos y que se recupere el padre de tu amiga.

al-saquri dijo...

Hola isabel. Realmente emocionante el relato que nos has contado, si no fuera por que te conozco via email y sé lo buena profesional que eres, diría que esta descripción es un capítulo de house o de alguna de esas series de tv.

Me alegro, primero, de que el padre de tu amiga esté bien, y segundo, de la forma en que supiste llevar el caso. A veces siento miedo de tener que enfrentarme a esas situaciones cuando sea médico y acabe el mir...Pero en el fondo, hay por ahí un gusanillo que me incita a reponsabilizarme ante ellas.

Ojalá, cuando llegue su momento, sea capaz de actuar como tú. Un besazo!

chio dijo...

sólo puedo darte la enhorabuena por todos los pasos que seguiste, lo bien que actuaste, la calma que debiste trasmitir en esos momentos tan críticos...

no sé que hubiera pasado si tu no hubieras estado alli, pero me da que pensar que lo bien que salio todo al final fue gracias a ti.

me alegro mucho que todo acabara bien

Anónimo dijo...

Un abrazo de este humilde lector. Quien tiene un amigo, tiene un tesoro ...