El comienzo del curso el pasado sábado 11 fue bastante "light". De entrante, un tema con pocas preguntas en los exámenes (de momento): Planificación y Gestión Sanitaria y URM. Y como factor atrayente, la novedad. Es un tema que no siempre se toca en la carrera (en mi caso debo reconocer que sí que me habían explicado parte de los conceptos de Gestión, y casi todos los de URM).
Me sorprendió gratamente cómo se organizaron en el curso para hacer la entrega de materiales. Desde el momento en que entré hasta que tuve en mis manos el lote casi completo de libros pasaron escasos 2 minutos. Habían repartido las mesas por apellidos y de ese modo las colas iban muy ligeras. En el mismo acto nos hicieron entrega de las tarjetas identificativas, sin las cuales no se puede entrar al curso, y con las que además hay que "fichar" en un escáner digital cada día para poder optar a la acreditación oficial del programa.
Ví caras conocidas, viejos compañeros, actuales compañeros, antiguos Rs pequeños. Me alegré de comprobar que, efectivamente, no soy la única con esperanzas de que se convoque un examen. Y con bastante presencia de ánimo, empezamos el recorrido que terminará en septiembre, cuando terminemos el último tema.
Nos reunimos allí nada menos que 400 médicos de familia, escuchando con ojos como
búhos en la oscuridad, y en una sala anexa unos cuantos más, que seguían
la clase por videoconferencia. La sala Mapfre era bastante cómoda, con asientos anchos y buena ergonomía general, pero las palas para escribir resultaban demasiado pequeñas. El principal problema fue el aire acondicionado que me tocó justo sobre el cuello y me mantuvo con la cabellera erizada toda la mañana. Bueno, ese y el mogollón que se formaba para salir del aula en los descansos (sólo había una estrecha salida por una escalera, y un par de ascensores algo lentos).
Un grave inconveniente organizativo de este tipo de cursos es buscar un sitio donde comer. Es verdad que por la zona, y en el propio centro comercial, se encuentran algunos locales válidos. Pero está claro que estos locales no se esperaban semejante avalancha de gente un sábado a mediodía, y tardaron bastante en servir por escasez de personal. Por ello igual habrá que plantearse comidas colaborativas en próximas citas (¿llevamos cada uno una cosa? ¿tortilla, empanada, etc? podría ser divertido). El caos organizativo fue más notable aún a la hora del café: no existía en los alrededores ni una maquinita de la que sacar un café instantáneo, y la cafetería Mallorca se vio desbordada muy a las claras. Otra nota mental: el próximo día, llevar un termo en el bolso.
La semana posterior ha transcurrido con fluidez. Repartido el temario del libro, resulta fácil estudiar cada día lo que toca, hacer las preguntas de autoevaluación correspondientes, y de postre acceder a la web del curso y hacerse un "examen a la carta" con preguntas de exámenes previos de oposiciones de AP. Esto es lo que más ha evolucionado desde los tiempos de maricastaña en que yo hice el curso MIR a distancia: la web. La han convertido en una herramienta magnífica. Ya no es necesario para hacer los simulacros tener un cronómetro y un bloc de post-it con los que tapar las respuestas. Ahora el ordenador te presenta las preguntas y te controla el tiempo, te da el resultado de cada respuesta inmediatamente después de haber dado tú la tuya, y te saca de forma inmediata los informes personales de fallos y evolución. ¡Qué gusto de simulacro, el que hice el domingo, y qué gusto volver a comprobar que hay cosas que no se te olvidan!
Ahora no sé qué hacer. Esta semana probablemente me dedicaré a ir leyendo con antelación los dos libros (ya algo más voluminosos) que desarrollaremos en clase el 3 de marzo. El quid de la cuestión en esto del estudio es coger el ritmo y no soltarlo. ¡Hay que desoxidarse!





